martes, 29 de enero de 2008

Noches de cabaré, por Erick Hernández*

A Tito Santos que
me gritaba "Penco"
cuando la policía se
lo llevó preso.

Nota de aclaración:
Querido primo:
Como me pediste que te enviara otro cuento entretenido(según tú)de esos que escribo para matar el gorrión, el aburrimiento diario de la cana, tengo que explicarte algo. Ayer, cuando descansaba en la celda luego del trabajo, el guardia de turno(combatiente, como tú los llamas) me prestó un libro que omito el nombre de su autor para no comprometerte. Solo te diré que el título se relaciona con tres fieras tristes. Y fue de ese libro, con perdón del maestro, de su autor, que me inspiré para el primer párrafo del relato. No sé todavía como lo nombraré, pero pienso en:”Noches de Guanimar”.¿Que tú crees?.
…………………………………………………………………………………………

…Buenas noches damas y caballeros. La empresa turística “Playas del este” en coordinación con el conjunto de espectáculos del INTUR, se complace en presentarles la revista musical “Noches de Guanimar”, con un elenco especial que hará todo su empeño en hacerles pasar un pedacito de noche feliz. Hoy como artista invitado: Jonny Perez, despues de una exitosa gira mundial, acompañado de la orquesta tropical de Guanabo. Y como cada sábado los comediantes Chicho y Paco, los acróbatas Avelino y Fina y muchas sorpresas más….

Y aquí estamos nosotros, como cada noche sabatina, capitalina, estrellada, sentados en nuestra mesa, que Pablo, el capitán, nos reserva siempre. Disfrutando de la misma orquestica de salsa, las mismas coristas de bellas piernas y cinturas llamativas. Los mismos comediantes, con sus mismos chistes habituales, que los conocemos de memoria pero igual nos reímos. Yo vine con Maggy de pareja. Ella es amiguita-amiguita de Mirta, la novia de Tito. La hermosa novia de Tito.
Nosotros las conocimos hace tres semanas en la playa. A mi me gustó Mirta na’más la vi, porque tiene un cuerpo lindísimo y una sonrisa de comerciales de pasta dental. Pero Tito es mucho más rápido con la muela y más buen mozo que yo. O sea, que soy un tipo feo. Además tiene un Ford 53 convertible, su tía le manda buenos trapos para vestirse de Miami y es mi amigo, o eso creo. Yo a Tito Santos le debo mucho. Y no hablo de plata, ni oro, ni dinero. El me enseñó picardía, maldades que uno necesita para poder navegar en este mar de incertidumbres callejeras que le dicen La Habana. Por ejemplo: aprender a hablar, a nombrar los objetos y lugares no con la lengua de Cervantes, sino, a lo cubano, a lo ambiental. Sólo para entender y poder responder, porque lo que respecta a mí, a los malhechores los mantengo a raya, a distancia. Gracias a Tito me fugé del duro cascarón de pichón en el que me encerraban mis padres y mis creencias.

---¡Ese tipo es un anormal ! .
Cada vez que Tito suelta una de esas frases tan cariñosas y respetuosas es porque está pasado de ron y de ritmo cerebral. Las palabras que dijo se quedaron flotando sobre nuestra mesa. Más nadie en el cabaré tuvo el privilegio de oírlas por el empuje sonoro musical de la orquesta, que en ese instante tocaba a todo meter de volumen una salsa pegajosa y sofocante, acompañando a Jonny Pérez. Mirta estiró su mano delgada por encima de la botella Havana Club siete años y sacó cuatro cubitos de hielo de la fría cubeta, dejándolos caer (con disimulo) en el vaso trasparente de Tito. Entonces volví a tropezar con el brillo de esos ojos negros y tristes que tanto me gustan. Ojos bellos y ajenos.

---¿Por qué le dices anormal, papi?---le preguntó ella .
El le respondió a ella. Pero mirándome a mí.
---Porque lo es. Además, es un inútil. Solo canta canciones de otros artistas. No sé ni como le pagan. Imitar, imita cualquiera.
---Pero tiene buena voz. Eso cuenta.---Respondí y al momento me arrepentí.
---¿Y qué carajo tú sabes de eso, Cundo?
Cundo soy yo, un servidor. Todos en la mesa me miraron, o sea, los otros tres: Maggy, Mirta y Tito. Yo miré mi trago. Le faltaba ron.
---Ese tipo yo lo conozco---le mentí, mientras vaciaba ron en mi vaso—El mes pasado lo conocí en una fiesta de quince.
Tito me miró un poco sorprendido. Si estuviera claro de mente se hubiera dado cuenta al vuelo de que lo que dije era un paquete. Yo solo quería ir contra su corriente.
---Entonces invítalo a la mesa despues del show.---dijo Mirta. Me la puso dura.
---Sí, sí. Preséntalo Cundo.---Maggy siguió el coro.
---Okey, deja que termine de cantar.

Yo, en la vida real, jamás le había dirigido la palabra a aquel mulato flaco de pelo de estropajo, que lo mismo imitaba a Lionel Richie que a Oscar de León. Interpretó cuatro canciones: dos es español y dos en inglés. Se movía con soltura por el escenario y hacía unos gestos tan cursi, tan picúos y patéticos que yo solo deseaba que la idea de mis acompañantes se evaporara. Pero no.
---¿Vas a buscar al cantautor o qué?---me dice Tito ahora, irónicamente hablando, colocando su mano derecha horizontalmente gesticulada.
Y los tres vuelven a mirarme: Tito, Mirta y Maggy. El orden de los factores no altera el producto.
Me levanté cuando terminó su numerito de salsa desabrida y lo seguí hasta el camerino. Caminando entre este laberinto de mesas y voces y humo de cigarros y risas y cabareteras en espera de una invitación idílica o etílica. Ahí casi todos los artistas me conocen. Yo siempre les estoy brindando bebida y comida y ellos, para devolver la atención prestada, me saludan desde el escenario. Aunque esto último parezca no tener mucho valor, que tal una nochecita de esas en que estás cuadrando, tratando de enlazar una buena hembra y sale el presentador o el cantante principal, o cualquier artista y diga, con reflectores y todo apuntando tu mesa:
---Queremos saludar a nuestro fiel amigo Cundo, que tanto queremos y bla, bla, bal…Eh !? . Esos puntos a favor son para envidia.
En el interior del camerino ocurría un pequeño altercado entre dos músicos. Eso me contó Conchita, una de las radiantes, llamativas y amenazantes coristas que amenizan el show. Parada en el umbral de la puerta, chupándole la vida a un cigarro con sus labios requetegordos, me dijo:
---Ay este niño. Esos dos tipos tienen una picazón hace rato…
---¿Y qué pasó?
---Ay, yo que sé. Yo no me meto en na’de eso.
Yo no sé por qué las coristas ponen el “Ay” delante de cada sentencia. Es como si se quejaran de las próximas palabras, de los tacones altos o de tanta pintura pintada. Le dije que me llamara al tal Jonny Pérez, el cantautor de las giras universales y ella asintió con su rostro de acuarela y con todo el peso de sus enormes pestañas plásticas.

---¿Y a donde tu fuiste de gira?. ¿A Calabazar?
Preguntó Tito. Todos se rieron en la mesa, hasta el Jonny, el cual ya iba por su tercer trago en media hora.
---Ja,ja,ja. No…Yo Estuve por Alemania, Polonia y España.
---¡Todos socialistas !—dijo Maggy--¡Viva el socialismo!
---¿España es socialista?—preguntó Mirta. Arrastrando todas las eses más de la cuenta. Por lucir ibérica y alcóholica. Me encanta esta nena.
---No. Pero el Partido Socialista Popular gobierna.—contesté.
La orquesta ocupó su puesto escénico. Ya se oía el sonido del calentamiento muscular de los instrumentos, las afinaciones de teclas, cuerdas y notas musicales.
---Con permiso.
Nos dijo Jonny. Se levantó, se acomodó la corbata verde y se disparó todo el contenido del vaso de un tiro. Todo en un solo movimiento.

……lo que está pa’ tí nadie te lo quita
así me decia mi abuela Cachita
pero por si acaso, prende una velita

A mí me encanta, me priva, me alegra escuchar y ver en vivo y en directo y a todo color una orquesta cuando se pone a improvisar. A dejar que la imaginación, el talento, las hábiles manos se desplacen por los instrumentos de forma natural y fuera de compromisos. Melodías libres de libreto, sin permiso, sin reglas ni cartabones, sin esquemas ni medidas.
Yo tengo un oído supertremendo pa’ la música. Y no porque sea orejón, ni Dumbo, ni nada de eso. Por eso, por esa calidad de mi cualidad auditiva, observé la función que viene a continuación desde el primer acto escénico. Primero sentí que la guitarra salió de circulación sonora y miré hacia el guitarrista alto y flaco de guayabera beige. Este desenganchó su instrumento y fue caminando, dirigiéndose lentamente, con sospechoso disimulo hasta donde se encontraba el percusionista, un mulato que estaba dale que te dale al cuero del bongó, ensimismado en el ritmo, concentrado en su tarea.
Entonces el guitarrista se detuvo a sus espaldas, y así como así, sin ton ni son, le sopló un guitarraso infraganti en el centro del cogote que había que verlo para creerlo. Uno lo cuenta y parece inverosímil como un chiste, pero yo me quedé pasmado, con toda mi jaiba abierta de asombro, como si dijera una O bien grande.
Estábamos atónitos contemplando el desenlace de la bronca entre el bongosero y el diestro agresor cuando mi vista de águila se alzó hacia un proyectil aéreo que avanzaba cortando el denso aire del cabaré, haciendo un “zzzppsss” amenazante. Era una botella, creo que de ron Paticruzado, porque era carmelita, lanzada por algún disconforme del público. Fue a estrellarse justo al medio del escenario y fue como una señal de batalla campal. Ahí mismo se formó La de San Quintín.

Yo, que estoy acostumbrado a estos despelotes de multitudes acaloradas por el ron y la cólera, me lancé raudo y velóz a buscar refugio antiaéreo bajo la mesa. Escondido en la trinchera de madera y mantel de nylon se estaba mucho mejor. No solo por la seguridad: Al agacharme mi cara quedó en una posición aventajada y gloriosa, rozando con la nariz las hermosas nalgas de Mirta, que estaba parapetada a cuatro patas delante de mí. La música continuaba a pesar del caos, y ella batía sus divinas caderas muerta de risa. Cerré los ojos, enterré mi rostro entre las dos lomas de carne en movimiento y fue como caer en un abismo erótico-musical. Así estuve no sé que rato hasta que me interrumpieron del goze:
---¡Le dieron “brisca” a Cheo!—exclamó Jonny Pérez, metiéndose bajo la mesa.
---¿Brisca?. ¿Quién coño es Cheo?
---El de la guitarra. Por eso fue el bateo. El otro le tumbó quinientos pesos esta tarde, jugando cartas con trampa. Ya la bronca se veía venir.¡ Pero en el medio del show!. ¡Qué desastre! ¡Qué bochorno!
---¿Y tú has visto a Tito?—le preguntó Maggy, ya atrincherada.
---¿Quién coño es Tito?—preguntó Jonny ahora. Estaba asustado en medio de la guerra. Parecía que sus ojos estaban fuera de órbita.
---¿Quién va ser chico?.¡ El socio mío, el que estaba en esta mesa.!
Le grité. Se acordó.
---¡Ah, ése!. Yo lo ví por allá por la parrillada enredado a trompones con un negro grandísimo.
Me lo imaginé. Tito es aficionado a cogerse para él las peleas ajenas. Un gladiador nato pero estúpido.
---¡Vámonos de aquí!—gritó Mirta.
---¿A dónde?. Es temprano todavía.—se quejó Maggy.
---Yo sé donde hay fiesta.—dijo Jonny—Es en una casa frente a la playa. Cerca de aquí.
Nos fuimos.

Andar en el auto con Tito Santos al volante es someterse a situaciones benignas o malignas, según su estado de alcohol y de ánimo. Una de sus aficiones mientras conduce es castigar a pitázos con su claxon tanto a transeúntes como a la tripulación. O rodar a todo tren por encima de los charcos de agua sucia, para mojar a cualquier ciudadano parado en el borde de la cera o en una parada de guagua. A veces le entra la inspiración”Formula Uno”y es como si montaras una montaña rusa por las calles de La Habana. Esta noche, sin embargo, escapamos con vida. Sanos y salvos llegamos a nuestro destino.
Era una casa a pocos metros del mar, alquilada por el director artístico del show para celebrar su cumpleaños. Todos los miembros del espectáculo”noches de Guanimar” estaban presentes, incluido (llegaron a la media hora ya de amiguitos como si nada) los dos tipos de la bronca.
Nos sumamos (con Jonny de guía y presentador) a la fiesta como si fuera nuestra. Era como estar en un cabaré secreto, vedado, ilegal. Todos bailaban, cantaban o se imitaban unos a otros. Se reían unos de otros:
El acróbata imitaba con burla al guitarrista
El guitarrista parodiaba a los comediantes
Los comediantes (con humor) imitaban a las coristas
Las coristas, las requetebuenas coristas, alborotaban las hormonas.
El bongonsero imitó(gracias a dios) al timbalero.
Jonny no pudo imitar a nadie esta vez.

A Tito se le gastaron las pilas a las tres de la madrugada. Se quedó sin cuerda, liquidado. Sentado en el quicio del portal estaba, con la vista perdida, mirando a un punto invisible de la noche, más allá de la arena, más allá del mar. Con los ojos líquidos y cansados, con el vaso de ron inmóvil en su mano derecha. Sin decir palabra alguna. Adentro la fiesta estaba en su apogéo. Jonny le dijo:
---Si estás cansado, puedes tirarte en uno de los cuartos. Aquí nadie va a dormir hoy. Además, creo que no puedes manejar como estás.
Y se acostó.
Los dos personajes que arruinaron la noche en el cabaré, ahora alegraban la madrugada de esta casa. Cantaban a dúo un bolero de antaño, de cuando los cubanos tenían tiempo para preocuparse por los avatares del amor. El ron insular es así: Lo mismo te encabrona en un segundo que te alegra en el próximo. La más delgada de las coristas danzaba al compás de la lenta melodía, pero danzando estilo ballet. Movía sus articulaciones como si se encontrara en el teatro nacional, con técnica de pie en punta incluido. Sólo faltaba el tutú de muselina blanca.

---¡Es “El lago de los cisnes”!—exclamó Maggy en son burlón.
---¡No. Es “Coppelia”!—corrigió Mirta riéndose.
Yo no abrí la boca, ya que sé de ballet lo mismo que de cosmonauta. Mi papá decía que el ballet era para maricones.
---¿Cómo se llama la mejor ballerina rusa?—pregunté, para decir algo.
---No sé. ¿Cómo?—dijeron a coro.
---Sibrinka Sidespetronka
Se rieron a carcajadas, les encantó el chiste. Mirta poseé una risa expansiva. Le brota a chorros de su interior y empapa todo alrededor. Adoro su felicidad.
---¿Cómo la están pasando?—nos preguntó Jonny al sentarse junto a nosotros en el portal.
---Suave, suave y bajito de sal—dije—Estar entre dos bellas mujeres, siempre fue el sueño de mi vida.
Más risas. Dios mío, que linda la risa de Mirta.
El fresco que llegaba del mar, acariciaba los rostros con su salitre.
Maggy y Mirta se quitaron los tacones y pidieron algo bailable.

---¡Basta ya de tristeza!—gritó el acróbata--¡Pongan música en la grabadora!

Una salsa estentórea invadió la casa y todos, absolutamente todos, se sumaron a bailar. Yo le daba vueltas a Mirta y Maggy con cada una de mis manos, haciéndolas girar con ritmo simultáneo, luciéndome ante los presentes. Pero dos coristas que bailaban a mi lado pronto superaron mi talento. Se cojieron el show para ellas solitas, moviendo sus duras caderas con estilo profesional, vestidas con dos shorcitos blancos semitransparentes que alborotaban el paladar visual, y te transportaban en tiempo y espacio a no sé donde, a no sé que lugar me pueden llevar estas dos ambrosías deliciosas.
¡Aleluya! Me conformo con Mirta, sólo con ella. Lo justo es justo y no quiero castigo por pecador. Tito está en el quinto sueño, visitando a Morfeo. Esta es mi oportunidad de demostrar mi calidad. Tengo que entretener a Maggy, tirársela pa’ arriba a alguien.

---Tú ves aquella jevita, la del vestido rosado…--le dije al acróbata aburrido y solitario.
---Sí, sí…
---Dice que la vuelves loca con tus saltos y maromas.
---¿No jodas chico?
Se fue la electricidad. Un apagón.
---¡Se fue la luz caballero!—gritó alguien--¡Se jodió esto!
No obstante la oscuridad, un listo para actos imprevistos dio continuidad a la música. Tenía baterías.
No hay nada más sabroso que bailar rumba en la penumbra o una salsa con una chica descalsa.
Aproveché las tinieblas como un vampiro y entre la algarabía general del lugar le fuí insinuando mis propósitos a Mirta.
Un roce ocacional
Una caricia accidental
Un beso volador
Un apretón de cuerpos circunstancial.
Y ella se fue dejando hacer, como sin querer. Pero queriendo.

Estoy como un ciego ante la incertidumbre del próximo paso. ¿Qué me esperará?¿Ataco con toda la artillería? De los cobardes no se ha escrito nada. El alcohol anestesia los malos nervios. Tengo el Maúser lleno de balas de amor (¡Qué romántico!). Un disparo a quemarropa:
---Me gustas desde el primer dia que te ví. En la playa.
---Yo lo sabía. ¿Tú crees que nací ayer o qué?

La cena está servida camarada Cundo. El dilema ahora es donde devoramos el manjar. Corren rumores de que Maggy hace acrobacias en un cuarto. No hay testigos para el crimen, solo quedamos la víctima y yo besándonos en la oscuridad, ante la presencia de desconocidos artistas de cabaré que se niegan a parar esta fiesta, esta descarga. Personas que mañana no se acordarán ni de nuestras caras.

La luz de la luna se filtraba por entre la persianas de la ventana, dibujando nitidas líneas sobre el cuerpo desnudo, tranquilo y en reposo de Mirta. Mi cebra está dormida y extenuada. Yace satisfecha entre sábanas y almohadas revueltas por la pasión. Recorro por última vez con las yemas de mis dedos el nuevo territorio conquistado, a la vez que me empino el último trago de la noche. Ron y cola. Buenas noches preciosa.
Hasta mañana.




* Erick Hernández nació en 1973 en La Habana, Cuba. Desde 1994 reside en Miami (U.S.A).

 
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