miércoles, 30 de abril de 2008

Un cuento de Ernesto Pérez Chang

Si alguien quiere leer algo de este escritor, puede ir a este link:

http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n43/articulo-8.html

Breve entrevista con Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang nació en La Habana en 1971. Narrador y editor. Ha publicado "Últimas fotos de mamá desnuda", "Historias de Seda", "Los fantasmas de Sade" y "Variaciones para ágrafos". Ha recibido, entre otros, los premios David 1999 e Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2002.

Cuentistas. Recomendaciones

Recupero a un gran cuentista, Felisberto Hernández, uruguayo, que en la primera mitad de siglo escribió, por ejemplo, Nadie encendía las lámparas (1947). Distorsión y fragmentación de lo cotidiano, vanguardia. A mí me encanta.
Por otra parte, libro recién horneado el de Guadalupe Nettel Pétalos y otras historias incómodas (Anagrama, 2008), mexicana. Gran admiradora del escritor antes mencionado y de Julio Córtazar. Es una gran escritora. Este libro está de los primeros en mi lista de espera para ser leídos.
Y viajando más lejos todavía, nos vamos a los libros de cuentos japoneses Sauce ciego, mujer dormida de Haruki Murakami (gran fluidez y suavidad de estilo) y Hombres salmonela en el planeta porno de YasutakaTsutsui (historias fantásticas de gran inventiva con mucho humor negro y sátira).
¡Leed cuentos!
Es la manera de abrir los ojos al mundo.
Nuria

lunes, 28 de abril de 2008

Próxima Tertulia de Literarte: "Tu cuento favorito"


Hola amigo:

El próximo viernes 9 de mayo a las 20,30h como de costumbre tendrá lugar la próxima tertulia de Literarte. Por supuesto, en la sede de ARCA (c/ Pau, 5). Vamos a leer nuestros cuentos favoritos. ¿Que tú también tienes el tuyo? Tráelo y compártelo con nosotros. Será muy divertido, ya verás qué bien la vamos a pasar.
Habrá sorpresas, algo mágico va a pasar esa noche, ¿cuándo no? Al menos la diversión está asegurada. Intentaremos que sean cuentos cortos, para que todos puedan participar y no resulte aburrido.
Ah, otra novedad: vamos a intentar ensayar un intercambio de libros. El que quiera puede traer un libro que ya haya leído y cambiarlo por otro, luego podemos comentar los que nos llevamos y así fomentaremos esa sana costumbre de la lectura sin que le cueste demasiado a nuestros bolsillos.
Te esperamos allí, ¡no faltes!

martes, 22 de abril de 2008

Antonio Saura introduce la tertulia sobre la generación del 27

He aquí un fragmento de la brillante disertación de nuestro contertulio Antonio Saura sobre la generación del 27, que dio introducción a la tertulia del viernes pasado.

domingo, 20 de abril de 2008

viernes, 18 de abril de 2008

Yeni y Omarito. Por Eduardo del Llano.

No, no es como en las películas americanas. Por lo menos, no como esas tan lindas de amor, o como las de acción que les gustan a los hombres. Aunque una vez vi una, déjame acordarme, de un perro de los que arrastran las chivichanas esas de la nieve, y ahí la cosa sí tenía que ver. ¿Sabes cuál te digo? Sí, chica, que el perro después se convierte en lobo… Bueno, como sea, los paisajes ahí te dan una idea de cómo es mi barrio.
Aunque barrio, lo que se dice barrio, no es. Omar… no, él no se llama así, pero es que su nombre no hay quien lo pronuncie, se escribe Oomailiq… ¿no te acuerdas de que ya yo le decía Omarito en Cuba? Sí, niña, se ve que sus padres eran de esos que inventan nombres para el hijo, para que suene extranjero… Bueno, Yaminaisis, te sigo con el cuento: cuando llegamos aquí, mi marido me advirtió que la gente vive a kilómetros uno de otro, y que incluso en los pueblos las casas no están pegadas, como en la Habana, sino que todas tienen su territorio. Para hacer una visita hay que avisar con tiempo, por si el tipo se fue a cazar, qué se yo… No, a cazar con z. Focas, sobre todo, será para venderlas a los circos. Caribúes, también. No, como unos venados pelúos. Incluso algún oso. Una vez Omarito trajo un pedazo de carne de oso y dijo que era para comer. Mira, niña, la que le armé. ¡Primero muerta, por tu vida! A mí de las hamburguesas, el arroz y los frijoles negros no hay quien me saque. No, aquí no se consiguen, parece que el frijol no crece, hay que mandarlo a buscar todo por correo desde un lugar que se llama Montreal. Carísimo, niña, pero Omarito me complace los antojos, me tiene como una reina. Sí, su familia está podrida en dinero. Tienen hasta ballenas y todo.
Pero ahora cuéntame de allá, de Mima, de Tere. Ay, alégrate, es mejor que no pase nada. Tampoco es que aquí… Ná, la relación va bien, con sus días buenos y malos, como todas. Pero es mejor que con Roberto Maykel, que no me dejaba respirar con sus celos. El mulato era una fiera en la cuestión, pero…. ¿En el tanque? ¿Desde cuándo? Ay, no me cuentes tú… No me extraña, déjame que te diga, con ese carácter yo sabía que el Rober tenía que acabar preso. Y me obstinaba, todo el día con ese obsorbo, qué va… Si te soy sincera, cuando conocí a Omarito no me entró por los ojos, pero era tan educado, y tenía ese acento tan cómico al hablar español, que yo pensé que era mejicano, con ese tipito, ¿te acuerdas? trabado, bajito. El caso es que aquel día se metió conmigo en la Tropical… claro, cuando eso ya tú estabas enferma… me invitó a unos tragos, y dígole yo que lo mío era irme pál Norte, y él va y me dice “yo soy tu hombre”.
No, está igualito, niña, esta gente no se pone vieja, cuando los ves canosos es porque tienen cien años por lo menos. Claro, en las fotos parece más gordo por la ropa. Pero es que aquí todo el mundo es así. Eso de que los canadienses son blancos y rubios es un cuento, no vayas a creer. Por lo menos, los inuit, que es como se llaman ellos, es como decir habaneros, son bajitos y achinados. No, si te digo, Omarito es uno de los más altos de por todo esto.
No es que sea falsa, Yami, es que mi marido se pone pesado con el teléfono. No por lo que cuesta, sino porque dice que cuando llamo a Cuba me deprimo. Mentiras suyas, niña. Pero hoy podemos hablar sin apuro. De verdad. Estoy fuera de casa y con el móvil nuevo. Aproveché pá llamarte y pasear un poco, hoy hace un solecito mierdero, pero hay que aprovecharlo. Sí, carísimo, pero Omarito ni se entera. Además, salió. No, muchacha, él no tiene trabajo, no lo necesita, con el dinero de su familia y lo que caza tenemos para vivir, y sobra. Cada dos años se va a un país raro de vacaciones y a coger sol. Bueno, por eso fue a Cuba. Antes aprendió español. No, si él es muy inteligente. Aunque aquí no quiere decir ni buenos días, he tenido que aprender un poco de su idioma y un poco de inglés y escapar con eso. Yo le dije que de todas maneras me gustaría trabajar, para conocer gente y entretenerme, pero él no lo entendió, se puso bravo.
Sí, mucho frío. Pero la casa es buena, y además Omarito tiene un iglú de veraneo, pero entre una cosa y otra todavía no hemos ido. Aquí nadie se mete contigo, cada uno vive como le da la gana. Sí, hay cosas raras, pero a todo se acostumbra una, niña. Menos a las comidas, ya te dije, con eso sí que no puedo. Por ejemplo, lo de no bañarse todos los días, y restregarse con grasa de foca para mantener el calor. Al principio yo no quería, y le decía a mi marido que con esa peste fuera a acostarse con su abuela, pero la verdad es que si no lo haces no hay quien ponga un pie en la calle. En la nieve. Afuera. Y después de unos días ni lo sientes.
No, playa no hay. Sí, esquiar, aunque no mucho. ¿No lo has visto en las películas, que la gente va a esquiar a esas estaciones en las montañas? Es que, cómo te digo, delante de tu casa no tiene gracia. Además, aquí la noche dura meses. Menos mal que no hay que hacer guardia del CDR. Ná, la gente se divierte dentro de la casa, haciendo cuentos, curtiendo pieles, viendo la televisión. Al principio yo traté de poner ambiente, tú me conoces, de hacer unos cuentos de Pepito, pero era más lo que tenía que explicar. Y los únicos bailes que se saben son unas cosas tribales, que a lo que más me recuerdan es a las tablas gimnásticas que hacíamos en primaria… ah, verdad que tú estabas enferma. En la Habana Omarito se defendía con la salsa, tiraba su pasillo con los Van Van, pero aquí siempre dice que la que tengo que aprender soy yo. Su hermana, Bertica… sí, su nombre es todavía más raro… Bertica me dijo que ella sí quería aprender. Lo intentamos un día. El lunes que viene le quitan el yeso.
Al principio, los domingos íbamos a la iglesia. Así mismo, niña, quién me conoce y quién me ve. Yo, que no creía en ná y que me hice el santo sólo porque tú te pusiste malita, metida entre veinte o treinta inuits que cantaban himnos. Me gustaba, porque en el idioma de ellos los cantos suenan a reguetón, te lo juro. El cura era un yuma… no, yuma yuma, de un lugar que se llama Luis y Ana. Bueno, eso me dijo él, es un estado, será que así se llamaban los que lo fundaron, di tú… El caso es que el yuma se dio cuenta enseguida, por arriba de la ropa, de que esta mulata era de exportación, y se puso a hablar conmigo y a sacar guara… y entonces Omarito dejó de creer en Dios de un día pál otro. Crisis de fe, me dijo él.
Vivimos solos, eso sí, y la casa es grande. Desde ella sólo se ve nieve, una cosa preciosa. Y cielo. Y una refinería de grasa de foca. Omarito tiene un carro, pero nada más podemos usarlo unos días, por la nieve. Cuando vamos a alguna parte nos movemos en una chivichana con perros, igualita que la de la película… ¿Qué? No, no tenemos fecha para ir a Cuba. Se lo he dicho dos o tres veces a Omarito, pero me contesta que todavía le quedan muchos países por conocer. Es que aquí a la gente no le tira tanto la familia como a nosotros. No, la mamá de Omarito ya murió. O por lo menos eso cree él. La vieja insistió en que la dejaran sola en la nieve, lejos de todo, para morir tranquila. Es la tradición. No, yo pensé lo mismo, es como si cuando la gente se pusiera vieja en la Habana la llevaran a la península de Zapata a que se la comieran los cocodrilos. Claro, que con lo resistente que era la vieja, igual todavía está viva, o se fue caminando y a estas alturas andará por Miami, por África, qué sé yo.
No, la verdad es que aparte de mi marido, y del cura yuma, no he hecho amistades. Incluso cuando vamos de visita, las amistades son de él. La gente no habla mucho. Además, parece que hace tiempo existía la costumbre de ofrecerle tu mujer al huésped, y aunque ninguno de sus conocidos le descarga a eso, cuando viene alguien a casa me pongo tensa. No es fácil acostumbrarse a la grasa de foca ajena.
Ahora al inuit de mi marido se le ha metido entre ceja y ceja que tengamos un niño, pero no acabo de salir embarazada. Él se atormenta, se pone bravo conmigo y me echa la culpa. El pobre, con decirte que a veces deja su filete de oso en el plato. Es que para esta gente no tener hijos quiere decir que el hombre no sirve, que no puede. Y él es tan macho como cualquiera, en la cama nos va bien. No bieeeen, pero bien. Tú sabes. Tampoco es que sea muy creativo en el tema, la primera vez que quise, ya sabes, darle unos besitos allá abajo me miró raro y me lo prohibió. ¿Te imaginas un hombre que no quiere que se la mamen? Pero a su manera folklórica pone mucho empeño, esa es la verdad, y nada. Le dije que podíamos ir al médico, hay un doctor yuma que vive cerquita, a menos de doscientos kilómetros, pero Omarito me miró raro y me dijo que con el cura tenía bastante. Boberías de los hombres.
No, a eso puedes ponerle el cuño. A pesar de esos detalles, casarme con Omarito y venir a Canadá fue la mejor decisión de mi vida. Ya yo estaba cansada, mija, cansada de la lucha, tú sabes cómo es el pitcheo en Centrohabana. Aquí tengo un marido rico que me mantiene, y este es un país con libertad. ¿Qué más puede pedir una, Yeni sin nada no más ayer?
Ahora mismo, fíjate, ni se ve la casa desde aquí. Sí, desde que te llamé empecé a caminar sin darme cuenta, y ahora debo estar a kilómetros de casa… Con decirte que no se ve ni la refinería… Ay, muchacha, quién quita que si camino mucho en esta dirección llegue a la Habana. Ya sé que es una isla, boba, que tan bruta no soy, lo que te digo es que te lo imagines. ¿No te gustaría que yo me apareciera de pronto ahí, y armáramos un fetecún y el despelote hasta las seis de la mañana? Aunque estés enferma, los Van Van resucitan a un muerto. Ay, mi hermana, no te pongas así, lo dije sin pensar, tú verás que te vas a curar pronto. Que sí, que mucha gente se ha curado. Dime, ¿no te alegrarías de verme? Ay, Yami, figúrate, una bola de piel, eso es lo que parezco, entrando al barrio de Belén, todo el mundo mirándome raro… Claro que lo más seguro es que, si sigo caminando, acabe como mi suegra, congelada y tirada donde el diablo dio las tres voces… No sé, ¿qué tú crees?… ¿La Habana, o lo otro? Voy a caminar un ratico más a ver qué pasa.


17 de agosto de 2007

CONSEJO DE DIRECCIÓN. Por Eduardo del Llano

Exactamente a las diez y treinta minutos y seis segundos, el deportista pasaba por encima de la varilla que, destrozando predicciones de los técnicos y consejos del entrenador, había pedido colocar a tres metros y diez centímetros del suelo.
Todavía el campeón estaba en el aire, bien que ya gravitando sobre el colchón amortiguador, y el impulso nervioso alcanzaba los cerebros de los espectadores para desencadenar un júbilo previsible, cuando un meteorito cayó sobre el ala norte del estadio, matando a noventa y tres de esos mismos concurrentes que no tuvieron tiempo de vitorear al ídolo, y a un número indeterminado de representantes de especies menores. A continuación, los restos de la estructura metálica que soportaba el peso de la fanaticada y una torre de luces herida por la onda expansiva se desplomaron hacia la calle, alcanzando un almacén de insumos químicos. En el siniestro perecieron otras ocho personas, que hubieran sido nueve si el individuo predestinado a redondear el guarismo no hubiera sido salvado de las llamas por un héroe fortuito. El choque eléctrico acarreó la interrupción del servicio en una cuarta parte de la ciudad, y los gases nocivos provocaron diversos daños ecológicos en una franja de territorio que, vientos mediante, alcanzó el mar.
Entonces plum, cayó el deportista en el colchón.
A las doce, en una oficina de las antípodas urbanas, se reunió el consejo de dirección de un periódico. Como resulta obvio desde el título, en lo adelante la presente narración tendrá el mencionado consejo como escenario.
Una secretaria trajo café para todos.
- La situación, en dos palabras, es como sigue –dijo el director del periódico, un tipo con una mancha purpúrea sobre el ojo derecho que le había merecido el sobrenombre de Mermelada– habida cuenta de la gravedad de las circunstancias, hay que esperar una orientación superior para emplanar la primera página. Quedaron en llamarme tan pronto como el gobierno se pronuncie.
Además del director, había cinco personas en la oficina: cuatro hombres entre los treinta y los cincuenta años, y una mujer entre los cincuenta y los dos mil. En realidad, el consejo era un poco mayor, pero los ausentes estaban ocupadísimos.
-¿Esperar? –saltó Rodríguez, el obeso jefe de la sección deportiva- a mí me parece claro que un record de tres metros diez en salto alto, avalado por jueces internacionales, es una noticia incendiaria. Más que incendiaria, explosiva.
- Como símil, lo juzgo un tanto inapropiado –terció Ana, la jefa de Nacionales.
- Además de inapropiado, es cruel –opinó Bolaños, la suprema vaca sagrada en materia de textos editoriales– más de cien muertos, y este tipo habla de records deportivos. El pueblo ha resultado afectado, y todos saben que nuestro periódico es un vocero de los intereses del pueblo.
- Ah, ¿sí? –murmuró Rodríguez.
- Por favor, compañeros –intervino Mermelada, sacando un rotundo tabaco de una caja niquelada– entiendo que todo el mundo esté alterado por semejante acumulación de hechos inusuales, pero es en estos momentos cuando se precisa mantener la cabeza despejada. Las agencias extranjeras darán sus versiones, pero la nuestra reflejará la posición oficial.
- La posición oficial siempre se da al día siguiente, cuando ya han hablado las agencias extranjeras y resulta claro a quien hay que salirle al frente –comentó Nicanor, de la página cultural.
- Verdad –dijo Rodríguez
- No me apoyes, Rodríguez –dijo Nicanor– yo no estoy de acuerdo con priorizar el record. Uno de los muertos era Ángel Triste, el mejor pintor que ha dado este país a fin de siglo.
- Ese era un gusano– evaluó Ana.
- Bien –dijo Mermelada– hay elementos que ustedes no dominan. Por ejemplo, la Academia de Ciencias está estudiando el meteorito. Dicen que contiene sustancias orgánicas, albuminoideas. En otras palabras, que puede ser una demostración de que existe vida en algún planeta por ahí.
- Vaya manera de demostrar que hay vida –comentó Bolaños- por otra parte, ¿cómo no va a haber materia orgánica en la piedra, si aplastó a cien compañeros? Miren, si quieren mi opinión, ese meteorito fue desviado por el enemigo.
- Caballeros, no se rompan la cabeza –dijo Segura, el jefe del núcleo del Partido- ni que fuera la primera vez que nos bajan la plana ya hecha. Un poco de conciencia.
- Yo, la verdad, los oigo y me parece que hablan otro idioma- contraatacó Rodríguez –coño, claro que a uno le duele que haya muerto tanta gente. Pero de algo hay que morirse, ¿no? Y un record de tres diez es algo que muestra las infinitas posibilidades del ser humano. No es un centímetro más, ni dos. Es el acontecimiento deportivo del milenio.
- Ya veo –dijo Nicanor, y le sonó una galleta a Rodríguez. Segura y Bolaños los apartaron.
- Es penoso que tales cosas ocurran en el consejo –afirmó Mermelada- por una vez no tomaré medidas disciplinarias, en consideración a que ha sido un día marcado por la violencia.
- Yo pienso que la noticia de primera plana es el ciudadano que salvó al otro en el incendio –dijo Ana– porque, a ver, ¿debemos dar una imagen catastrofista del país?. ¿Se imaginan lo que hará la prensa extranjera con un titular que hable de cien muertos en la capital? Velamos por los intereses del pueblo, como apuntó Bolaños, y eso yo lo interpreto como que no conviene sembrar la inquietud en la población.
- La inquietud no la sembramos nosotros, la sembró el meteorito -replicó Nicanor- y vaya, si hay cien muertos y no lo decimos, ¿qué carajo es el periodismo?
- El periodismo tiene que ser optimista– dijo Ana.
- Es fácil decir eso cuando no fue a uno a quien le cayó arriba un trozo de planeta habitado.
- A ti tampoco te cayó.
- Pero al pintor sí.
- Bien caído.
- Vieja puta.
- Sin careos, cojones –exultó Mermelada– dispensen las compañeras, pero con ese espíritus no se puede hacer prensa. Miren, a mí la idea del héroe que salvó al cabrón ese de las llamas me pareció buena en un principio. El problema es que el héroe es un enano.
- Ah, bueno, eso lo aclara todo –dijo Bolaños, cáustico- ¿dónde está la ley que prohíbe a los enanos salvar vidas durante un incendio? Mayor mérito tiene.
- Si, pero la foto del enano... Vaya, parecería que lo publicamos por compasión, primero. Y segundo, ¿es esa la imagen de nuestro pueblo? ¿Enanos altruistas metidos en candela?.
- A lo mejor no había ningún dirigente a mano a quien el puñetero enano pudiera preguntarle si era políticamente correcto meterse en el fuego.
- Caballeros, tranquilos – dijo Segura – si me permiten ser franco ...
- Eso sí sería noticia –comentó Nicanor.
- Cállate, Nicanor. Si me permiten ser franco, no me cabe duda de que la orientación será jerarquizar el record. Ustedes saben la importancia que se le concede al deporte en este país. En definitiva, la mayor parte de los muertos eran espectadores. Es más sensato pasar del record en primera plana a la reseña del accidente, allá en la cuatro o la cinco. Comparto el criterio de que no debemos incentivar la propaganda negativa en torno a nuestra cotidianeidad.
- Eso es hablar –dijo Rodríguez –vaya, al fin un poco de cordura. Nicanor volvió a levantar la mano, nocivo, pero en ese instante sonó el teléfono. Mermelada descolgó el auricular.
- Ordene.
- Veinte pesos a que es el record –ofreció Rodríguez. Nicanor se removió, pero Segura lo tenía bien sujeto.
- Bueno, ¿qué? –preguntó Bolaños cuando el director devolvió el manófono a su sitio- la piedra fue desviada por la CIA, ¿verdad?
- A Montero le dio un infarto –anunció Mermelada, sombrío.
Hubo un silencio especulativo.
- Oh, por Dios –dijo Ana –pobrecito.
- ¿Cuál Montero? – inquirió Nicanor.
- El de Nacionales, el viejito. Pobrecito.
- ¿El que escribió aquella basura sobre los impuestos?
- No, esa fui yo –declaró Ana– esto es típico. El jefe de la página cultural no lee el periódico.
- La máxima dirección del país esta recorriendo la zona del desastre –dijo Mermelada- Montero y Estrada el fotógrafo fueron a cubrir los hechos. El viejo tenía problemas respiratorios, y con todos esos gases de pintura quemada...
- Pero se salva, ¿no?.
- Es su segundo infarto. No se sabe.
- Si el compañero muere, ¿tendríamos que considerarlo en la cifras de muertos por el accidente, o publicar una nota necrológica aparte?
- Ahora es usted el cruel, Bolaños.
- También me dijeron que el deportista acompañaba a las autoridades del país –añadió Mermelada- y que le iban haciendo preguntas y comparándolo con los héroes de la independencia.
- Claro –dijo Nicanor- pero sobre Ángel Triste, ni una palabra. No, si en este país ser artista es lo último.
- Debíamos ir al hospital –consideró Ana, abrochando y desabrochando espasmódicamente el último botón de su blusa caqui- para darle aliento a Montero, pobrecito. El fue fundador del periódico.
- No podemos –dijo Mermelada- todos compartimos su dolor, pero la misión es permanecer aquí hasta que nos orienten lo que va en portada. Lo que sí podemos hacer es mandar un fax al hospital, diciéndole a Montero que estamos con él.
- Eso es bastante metafísico -dijo Nicanor- además, ¿hay fax en los hospitales?
Nadie estaba seguro. Ana se ofreció para averiguar, redactar el texto y enviarlo. Mermelada se mostró de acuerdo, y Ana salió.
- Dicen que la vieja se jamaba a Montero –informó Rodríguez, inexpresivo.
Volvió a sonar el teléfono.
- Ordene.
- Ahora sí –dijo Rodríguez– cuarenta pesos a que el record va en portada.
- Cincuenta a que van los muertos – retó Bolaños inesperadamente. Nicanor los miró de hito en hito y escupió.
Mermelada colgó el auricular y encendió otro tabaco.
- No nos dejes sobre ascuas – pidió Rodríguez, pero enseguida captó el reproche en los ojos de Bolaños y desechó la metáfora- es decir, esperando. ¿Era de arriba?
- Los compuestos orgánicos en el meteorito corresponden a formas de vida no terrestres. Eso, o alguno de los aplastados tenía un metabolismo a base de flúor.
Durante casi un minuto nada se movió en la oficina, a excepción del humo del tabaco.
- Es duro decirlo, pero eso lo cambia todo –admitió Nicanor- si hay vida extraterrestre, es el bombazo periodístico más grande desde Colón. Y cuando hablo de bombazo lo hago a conciencia. El meteorito pudo no ser un meteorito.
- ¿Sugieres un ataque de aliens? – pregunto Bolaños- no lo creo. El enemigo...
- El enemigo no respira flúor. Si lo hicieran, ya lo habrían enlatado.
- Ustedes se han sonado demasiadas peliculitas –dijo Rodríguez- no me jodan. Ochenta pesos, vaya, a que el record es la noticia.
- Ah, por cierto – recordó Mermelada – se murió Montero.
Ana entró como si hubiera estado esperando detrás de la puerta.
- ¿Ya se enteraron?.
- Sí, bueno. Es una gran pérdida. Montero era tremendo periodista, el decano de Nacionales, un...
- No hablo de Montero, sino de los extraterrestres. Montero, pobrecito. Pero los compuestos orgánicos a base de flúor... lo que está entrando por los teletipos es mucho. Parece que el meteorito no es ni siquiera del Sistema Solar. Ah, por cierto, no había fax en el hospital.
Mermelada apagó el tabaco en el cenicero.
- Entonces, por ahí va la cosa... ¿Qué cree usted, Segura?.
El Jefe del núcleo del Partido corrigió el calibre de su bigote y revisó unas notas.
- Hay que ser objetivos. Los de la Academia de Ciencias están un poco locos. Si me salieran con que los gases tóxicos dejarán la capital sin palomas, me lo creería. Pero se han desorbitado con esa estrella fugaz. En última instancia, hay que pensar en el hombre, ¿verdad? Considero que tres metros diez es un salto sobrehumano. Apuesto por eso.
- ¿Cuánto?
- Bueno, yo hablaba figuradamente, pero ya que insisten... cien.
- Doscientos –dijo Rodríguez– Segura y yo apostamos doscientos al deporte. Arriba, caballeros.
- Si me lo ponen así, prefiero el meteorito –declaró Bolaños- cincuenta por los aliens.
- Que sean cien- dijo Ana.
- Ciento cincuenta – dijo Mermelada.
Todos miraron a Nicanor. Nicanor suspiró y sacó la billetera.
- Doscientos.
Sonó el teléfono.
- Ordene.
- De todos modos, tanto muertos ... – dijo Nicanor- es una pena.
Mermelada colgó y sacó el postrer tabaco.
- ¿Era la llamada?
- Era la llamada. Ya escribieron el texto para la primera página. Está entrando ahora por fax.
Mermelada estrujó el tabaco y tiró al suelo el mazacote resultante.
- Bueno, ¿y cuál es la noticia?
- La capital alcanzó el primer lugar nacional en la emulación portuaria.
Nicanor miró hacia fuera por la ventana y le pareció ver un platillo volador sobrevolando edificios humeantes.
- Entonces no tenemos que pagar, ¿verdad? – dijo Rodríguez.


23 de marzo de 1998.

Monte Rouge. Documental de Eduardo del Llano

Para muestras, un botón. Este documental de Eduardo lo encontré en Internet y lo pongo para que muchos conozcan algo de la obra de este creador cubano.

Entrevista con Eduardo del Llano 7

Entrevista con Eduardo del Llano 6

Entrevista con Eduardo del Llano 5

Entrevista con Eduardo del Llano 4

Entrevista con Eduardo del Llano 3

jueves, 17 de abril de 2008

Entrevista con Eduardo del Llano 2

Entrevista con Eduardo del Llano 1

Comienzo a colgar la entrevista que le hice a Eduardo del Llano este mes de febrero cuando estuve en Cuba. Perdonen la calidad de la imagen y el sonido. En el futuro serán mejores.
Saludos.

lunes, 14 de abril de 2008

Jaume Vidal en Àgora

Próxima tertulia: "Poetisas del 27: creación, exilio y condición femenina"

Este viernes 18 de abril a las 20. 30 h celebraremos otra tertulia de Literarte en la sede de ARCA (c/ Pau, 5. Palma).

Hablaremos de la Generación del 27 y en particular de cuatro voces femeninas: Ernestina de Champourcin, Maria Teresa León, Concha Méndez y Josefina de la Torre. En la obra de cada una de ellas encontramos, junto a la búsqueda de nuevos terrenos poéticos, el denominador común de ser mujeres en un contexto mayoritariamente masculino que las relegó injustamente a un segundo plano. Pero sus obras merecen un lugar de honor en las letras hispánicas y en el bagaje de quienes entendemos la literatura como una forma de entender y vivir el mundo.

Todo aquel que quiera participar con un poema, un comentario o algo interesante, es bienvenido. Allí los esperamos a las 20,30h para pasar un rato hablando de buena literatura.

domingo, 13 de abril de 2008

Robert Graves a Palma

Itinerari Literari & Tertúlia:

Robert Graves a Palma

Organizat pel servei de biblioteques de

l'Ajuntament de Palma



Els esdeveniments comencen en diferents llocs de trobada:



per això és necessari inscriure's amb antelació i demanar el lloc de trobada

(hi ha un màxim de 15 persones)



Les inscripcions es poden fer gratuïtament telefonant a la biblioteca Estudi General,

entre les 9' 00 i les 14' 00 h.,

tel. 971-49-53-46

divendres 18 d'abril: Tertúlia sobre Robert Graves.

Entre les 20' 00 – 21' 00h.

"Els contes mallorquins"



dissabte 19 d'abril: Robert Graves a Palma.

A les 11' 00h. Itinerari literari.

"La seva vida i obra concentrat a Palma"

lunes, 7 de abril de 2008

CONCIERTO "TRIVOCES"

Amigos: Me ha llegado este anuncio del concierto de Fidelito, el ex cantante de Síntesis ¿se acuerdan? Vive aquí en Mallorca. Para allá voy.


"Música Afro cubana tradicional e internacional "
CONCIERTO "TRIVOCES"
Sala Palmanova Sábado 12 de Abril de 2008
C/ Na Boira Nº 2 Junto Correos y Pac. Palmanova
21:00 horas.
Cocktail de bienvenida. Taquilla 10 € – Pre venta y grupos 8 €

Más Información y Reservas : info@ale29.com – Telf. 617 24 89 90

"TRIVOCES" surge a raíz de Yorubas de Ciutat intentando abarcar otros estilos dentro de la música, además de lo afro cubano. Canción tradicional cubana y música internacional. Nuestra apuesta es el trabajo vocal. Estamos convencidos de que la voz humana es el mejor medio de comunicación. Y que el canto con diferentes voces es especialmente gratificante tanto para el cantante como para el espectador."

Integrantes:

Cati Llul (Mallorca)
voz y percusión menor
Obi Jáuregui ( Pamplona)
voz y percusión menor
Fidel García (Cuba)
bata y voz

domingo, 6 de abril de 2008

 
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