sábado, 3 de mayo de 2008

Crítica del libro "Música para ascensores", de José Daniel Espejo, por Antonio Saura

El oficio de poeta, como diría Pavese , la razón de ser de la poesía, la necesidad de ella para nombrar y habitar el mundo. Creo que esto sintetiza el leit motiv esencial de la Música para ascensores de José Daniel Espejo. Estar solo ( ) en el centro de la taiga, y verte rodeado/de océanos de tiempo y mares de noche/el vacío sideral. Y aún así/echar a caminar, es decir/ empezar un poema. Esa necesidad imperiosa que como dice Rilke es la condición imprescindible (aunque no suficiente), que caracteriza al poeta. Y en esa tentativa llega Espejo a momentos de hondo lirismo. Dormíamos juntos y, sin embargo/escribíamos poemas con mensajes para el otro/los tomábamos con las manos antes del sueño/y al despertar parecían leídos entraba/la luz del domingo a través de las persianas. Inventor de palabras (egonauta), llega a ofrecer la vivencia de la emoción mediante una percepción virgen de retóricas oh ver flotar río abajo /a principios del invierno entre los témpanos/el cargamento de leña/como quien mira su vida/doblar en los meandros y alejarse. Lamentablemente, entre todo lo anterior nos llega a veces el olor rancio de un pop gastado que no sabe revisitar, un triste dejà vu de lo que fueron novísimos manjares pero en cuya fecha de caducidad el autor no repara. Nosotros que quisimos ( ) recorrrer el poderoso siglo XX en las obras tenaces de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,/etcétera, etcétera henos aquí/ rodeados de tiburones. Y rizando el rizo llega a encabezar una de las partes de su poemario con una vacua cita de ese gran chef del fast-food impreso, Ken Follett.
Creo que con esos innecesarios artificios contradice Espejo sus propios presupuestos poéticos: Pero queda/ esta historia, palabras. Tomadlas vosotros ( ) multiplicadlas, pero tratadlas con respeto, que no fueron gratis. Y es a partir estos versos, en que la verdad y la audacia engendran la belleza, desde donde podemos esperar continuar oyendo a un poeta al que, no me cabe duda, le queda mucho por decir.

 
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